"La Guardiana" el spin off de la saga Lumeris
Lee los primeros dos capítulos de esta novela corta.
Capítulo 1
Sin importar los sonidos, el silencio me atraviesa. La brisa marina me roza las mejillas y el frío cala en mis huesos, aunque llevo puesto su sobretodo marrón. Empieza a perder su aroma y el dolor que se arrastra en mi pecho vuelve a recuperar fuerzas para derrumbarme.
Los marineros comienzan a tirar de las sogas para atracar el Sirena a uno de los muelles del puerto de Drakenfell. Puedo ver en sus rostros, en sus conversaciones mudas, que saben muy bien la misión mediocre que acabamos de finalizar.
¿Hubiera pasado lo mismo si él siguiera entre nosotros? Sé que hay muchos que no están cómodos con este cambio. Arzhel era un gran capitán y el dueño para siempre de mi alma.
Acomodan la rampa para que el capitán lleve el botín a los Oficiales Dorados. ¿Cuánto nos darán? No puedo evitar pensar en él, en la expresión que hubiese puesto en su rostro cuando los Extractores le llevaran la cantidad de cristales arkhanos que habían conseguido.
Aunque haya muerto, su presencia se siente como una corriente de aire que mece el barco al ritmo de una nana antes de irse a dormir. Cada vez que me acerco al timón, el aire salado del mar se impregna en mi rostro y rozo mis dedos en la madera, mirando al horizonte.
Las olas baten contra el casco del Sirena, como si ellas también quisieran sentir una vez más a su antiguo capitán. Miro a la distancia, con la ilusión de encontrarme con Arzhel y que me devuelva su sonrisa. No era solo una mueca en sus labios, todo su rostro se iluminaba, sus ojos negros parecían agrandarse y contagiaba una energía vibrante cuando llevaba el navío a una nueva misión.
Sus ojos se transformaban en color café, como si la alegría fuera un químico que alterara su composición física. Tal vez solo era el sol destellando en sus ojos, pero de una u otra manera, Arzhel era feliz. Y esa emoción se reflejaba en su tripulación, que confiaba en él y lo hubiera seguido hasta las puertas del Vacío.
Todavía siento el recuerdo de ese momento como un ancla que me arrastra hacia el fondo del mar, con el coro de los truenos sobre el Sirena y las últimas palabras de mi amado. Todos sienten su ausencia pero nadie la siente como yo. Fue mi mano la que él sostuvo en el último momento, fue a mí a quien le pidió que cuidara el Sirena.
Para muchos, Arzhel era mi pareja pero yo sabía que nuestra unión superaba con creces esa noción. Pensar en una palabra que represente lo que sentíamos me parece limitar una conexión innegable. Cuando nos entregamos a lo que sentíamos por el otro, el mundo se había enmudecido y nosotros habíamos creado nuestra propia versión. Éramos el refugio del otro, nuestra razón de existir.
Sin embargo, tras su muerte, el lugar de capitán del Sirena tuvo que ser reemplazado y dicha responsabilidad recayó en su hermano: Silas Allerick. Apenas pasaron unos meses de su muerte y ninguno pudo realmente llorarlo. El Sirena no puede detenerse y la corona demanda los cristales arkhanos que nos habíamos comprometido a entregarle.
El sol se esconde en el horizonte, dando paso al atardecer. Recién allí me doy cuenta de que me quedé al lado del timón, absorta por mis pensamientos y los recuerdos de él. Entonces, muevo la cabeza para observar la cubierta del barco y veo a Silas subir por la rampa.
Atraviesa la cubierta como una ráfaga de viento. Sus pasos son rápidos, decididos, como si intentara dejar atrás algo que lo persigue. Sin detenerse, se dirige directamente a su camarote, una clara advertencia de que no quiere hablar con nadie. Silas siempre fue un hombre de pocas palabras, pero cuando se encierra en su camarote, el silencio pesa aún más.
Siendo su segunda al mando, mi responsabilidad se limita a ayudarlo a tomar decisiones difíciles o proponerle nuevas rutas de navegación. El problema es que, últimamente, las misiones para extraer cristales son cada vez más riesgosas y la paga por ese trabajo depende de muchas variables. Por no mencionar los impuestos que tenemos que pagar y el salario de toda la tripulación.
Entro en su camarote sin anunciarme, y en cuanto veo la bolsa sobre la mesa lo sé al instante: no es suficiente. El aire en la habitación se siente denso, aplastante, cargado de un silencio incómodo. Silas sacude la cabeza, evitando mi mirada, como si ya conociera mi reacción. Me acerco sin decir nada y paso los dedos sobre la tela áspera, haciendo tintinear los dracmas dentro. Demasiado pocos. Demasiado lejos de lo que necesitamos.
—¿Qué es esto? —pregunto con tono despectivo y sentándome frente al escritorio. Abro la bolsa para encontrarme con tan solo cuarenta dracmas. Ante su falta de respuesta vuelvo a decir—: ¿Qué es esto, Silas?
Podés conseguir “La Guardiana” en su formato físico o digital siguiendo ESTE LINK.
Ilustración de Drusila por @taian.art
Capítulo 2
Recién allí es capaz de enfrentarme. Su cabeza se yergue, apartando la mirada del mapa extendido sobre la mesa. En sus ojos negros puedo ver un pozo negro que amenaza con devorar cualquier objeto a su alrededor. Mantengo la crudeza de mi mirada a pesar de ver una pizca de derrota en los ojos de mi capitán.
—No puedo tolerar tus reproches ahora, Drusila —dice sosteniendo su cabeza con las manos.
—¿Cuarenta dracmas? —le pregunto, ignorando por completo su deseo de escaparse.
Si va a ser el capitán del Sirena, si va a reemplazar a Arzhel, tiene que comprometerse.
—No quisieron darme más —responde masticando las palabras.
En los matices de su voz se refleja el fracaso, pero también puede traslucirse la decepción que siente. Lo que no sé es si ese sentimiento corresponde a la memoria de su hermano o a toda su tripulación. Dudo de que fuera hacia ambos: Silas nunca había querido ser capitán del Sirena.
—No es «más» —digo inclinándome sobre la mesa, golpeando la madera con mi dedo índice—, es lo que corresponde. Las cuevas están cada vez más difíciles, es imposible extraer más mineral del que sacamos.
Él frunce el ceño.
—¿Te crees que no se lo dije?
—¿Con el mismo tono con el que me estás hablando ahora?
Se relame los labios e inspira profundo, conteniendo algo en su interior. Hay confianza en nuestro vínculo ya que nos criamos como familia pero, la mayoría de las veces, olvido mi lugar en el barco. Por momentos, Silas me lo deja pasar; otros…
Él cierra el puño y lo estrella contra la mesa de madera. El golpe retumba en las paredes del recinto, como un rayo que revienta contra el suelo. El sonido impacta en mi pecho y me toma por sorpresa, y aunque quiero controlar el movimiento de mi cuerpo no puedo evitar dar un pequeño sobresalto en la silla. Silas vuelve a respirar profundo, tratando de encontrar calma, y luego de una pausa dice:
—Lo siento. —Su voz trata de demostrar control aunque sus ojos aún están cargados de ira.
Aparta la mirada, avergonzado de haber permitido que las emociones le ganen la partida. Tendría que disculparme pero mis propias emociones todavía bullen en mi interior como lava ardiente.
—Tenemos que arreglar las poleas y los aparejos, eso fácil nos cuesta 600 doblones. Y las barandillas de la pasarela están en mal estado, así que súmale otros 800 doblones… ¿Qué son? ¿1400? Son casi tres dracmas. Más los cincuenta y ocho que tenemos de base por la tripulación y los impuestos. No nos alcanza.
—Renunciaré a mi paga.
Exhalo frustrada y me cruzo de brazos.
—Eso ya lo imaginaba, y yo también, pero lo venimos haciendo desde hace tres meses. Esto no se sostiene. Nos estamos hundiendo.
—Lo estoy intentando.
Su voz suena hueca, rota. Sus ojos están en algún rincón perdido de su camarote, como si con su mente estuviera viendo algo más.
—Inténtalo mejor —digo mientras me pongo de pie.
Silas se levanta de la silla y rodea el escritorio para sujetarme de la muñeca. Su agarre frena mi andar pero no me suelta. Tras girar mi cabeza, me quedo mirando donde nuestras manos están unidas y luego deslizo mis ojos para mirarlo.
La ira parece haberse evaporado y ahora ocupa el lugar otro tipo de frustración. Una sensación incómoda recorre mi cuerpo y aparto la mano. Él, finalmente, me suelta.
—Es más difícil si no estás de mi lado —me dice otra vez con esa voz hueca y débil.
—Protege al Sirena y siempre estaré de tu lado —le digo abandonando el camarote.
No miro hacia atrás, aunque una parte de mí quiere hacerlo. Entiendo la frustración de Silas pero me resulta imposible no recordar a Arzhel. Me apresuro a llegar a cubierta porque solo pensar en su nombre me comprime el corazón; tengo que llevar la mano al pecho para intentar consolarme a mí misma. Como si, en ese gesto, fuera capaz de contener un corazón herido y debilitado.
Hay veces que la soledad me asusta. Desde que Arzhel se fue, siento que una oscuridad me persigue, que mi propia mente se convirtió en mi enemiga. Voces que me piden actuar, acciones que no reconozco como propias. Y cuando el dolor se vuelve insoportable, tengo miedo de que esa oscuridad me devore por completo.
Al volver a encontrarme en el exterior, el aire de la cubierta me baña entera, el sonido calmo de las olas y la sal en el ambiente me hacen sentir en mi hogar. En ese estado, puedo volver a controlar mis emociones.
Callar las voces.
El barco es todo lo que conozco. Se convirtió en mi mundo cuando los Allerick me rescataron del puerto de Eldorfell. No sé quiénes son mis padres y tampoco me interesa. ¿Quién abandona a una niña de apenas dos años? Por eso les debo tanto a los Allerick, y lo mínimo que puedo hacer es proteger su nombre y herencia en el Sirena. Aunque ellos no estuvieran del todo de acuerdo con mi nombramiento.
No podía culparlos. Había crecido junto a Silas y Arzhel, y aunque parecíamos hermanos, nunca lo fuimos realmente. La mayoría del tiempo lo pasaba con los ayudantes de la casa, incluso mi habitación estaba en el subsuelo de la mansión.
Luego me enteré de que Mallory no estuvo de acuerdo con ese arreglo pero fue Priamos quien tomó la decisión sobre mi estadía en su mansión. Tal vez por eso sentí la necesidad de aportar de alguna forma y así empecé a trabajar en el Sirena con Arzhel. Bastó poco para que mi lealtad se convirtiera en algo más, para que terminara aceptando lo inevitable: mis sentimientos por el hijo mayor de los Allerick, tan osado como indomable. Su madre nunca se opuso abiertamente, pero su padre nos lo prohibió. No le hicimos caso, por supuesto. Y cuando Arzhel se convirtió en el capitán del Sirena, me eligió a mí como su segunda al mando, sellando nuestro destino más allá de las palabras.
En un principio, pensé que lo había decidido por el mero hecho de nuestra relación, pero me aseguró que lo quiso por mi inteligencia, por mi dedicación al barco. Y sabía que Arzhel jamás arriesgaría su navío solo por complacer a alguien más.
Siempre supe que el Sirena era lo más importante para él, más que la relación que teníamos, y siempre lo respeté. Esa pasión hacia la embarcación me contagió a mí también, y la defendía con uñas y dientes hasta el día de hoy.
—¿Malas noticias?
Desvío la mirada del horizonte y giro mi cabeza para encontrarme con Kratos a mis espaldas. Su cabellera negra enmarca una piel cobriza agrietada por la rudeza del mar y le hace destacar los ojos ambarinos. Quien no lo conoce puede verse amenazado por su contextura fornida. Pero aquellos que pasamos tiempo con él encontramos la calidez en su mirada.
—¿Tanto se me nota?
Se pone a mi costado y ambos observamos desde el castillo de popa cómo la tripulación trabaja en la cubierta.
—¿Otro mes difícil?
Exhalo con fuerza, tratando de liberar la presión que se anida en mi pecho. No tengo fuerzas para confirmarle, una vez más, que el Sirena está perdiendo dinero. Aunque él también intuye la respuesta, una cosa es pensarla y otra muy distinta es asumirla como una realidad.
—Mucho menos de lo que esperábamos —termino por confirmarle, aún sin poder mirarlo a los ojos.
Kratos se agarra a la baranda y sacude la cabeza.
—No puede ser…
—Sí, puede ser. Silas me dijo que… —Pero no puedo terminar la frase.
—No —exclama girando su cabeza para mirarme a los ojos—, no puede ser porque nuestra carga fue mayor a la que trajo el Errante.
¿Querés leer más?
Este spin off de apenas 100 páginas te promete una tarde entretenida y dinámica, con un capítulo extra que te catapulta a la duología de la saga Lumeris, cuyo primer libro está planeado para publicarse a fines de este año.
Podés conseguirlo en ESTE LINK.
Y también podés compartir tu entusiasmo agregándolo o comentando en Goodreads, haciendo click ACÁ.

